Una parte del todo

El escritor solo puede recrear una mínima parte de la vida, purifica el mineral y muestra el brillante que hay en él.


Cada historia que escribimos es, en realidad, una imitación de la vida. Para poder plasmarla en el papel, tomamos solo una parte de ella, seleccionamos lo que se necesita para contar esa historia, y dejamos de lado mil acciones que la persona-personaje desarrolla simultaneamente. Esa selección será, entonces, una recomposición de la vida y no la vida misma, que es demasiado caótica. Por eso decimos que una historia es un recorte, una acción. Pero esa acción debe ser completa en sí misma.


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